Vivir con el alma aferrada a un recuerdo, recuerdo dulce, que encadena mi soñar. Me inunda el miedo, miedo del encuentro con el pasado que mantiene prisioneros mis sueños de volver a empezar. Sentir la fragilidad de la vida, que es solo un soplo, que no es nada. Lloro otra vez pues no quise el regreso. Ya Gardel decía que el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar. Y la nostalgia, la sombra que te busca y te nombra, me deja dividida en el tiempo. Mi corazón guarda escondida una esperanza, la esperanza de volver a sentir.